Reflexión sobre la naturaleza de la inspiración
Cualquier cosa puede inspirar a alguien y cambiar el mundo. Y es cierto que no tienes control sobre ello. Un día sonríes a alguien y le alegras el día, eso hace que esté más confiado y que algo le salga bien y ese algo le cambia la vida y eso cambia el mundo. Pero otro día la misma sonrisa cae en saco roto y no es útil. Un tercer día la sonrisa es interpretada por alguien especialmente susceptible e inseguro como sarcasmo y eso le hunde la moral y hace que fracase en algo y cambia el mundo a peor.Y eso es sólo sonreír a alguien o cualquier otra acción realizada con cariño. Una puerta bien engrasada que hace que las cosas fluyan, una habitación limpia y perfumada que reconforta, un plato cocinado con esmero. Todos podemos hacer un mundo mejor con nuestro quehacer. Es cierto que hay personas y acciones con mayor potencial de cambio del que tienen otros:
Un escrito científico. Un libro, una clase de una profesora, un consejo de un entrenador, una crítica constructiva o no... Pero eso no exime a nadie de intentar llegar hasta donde su influencia le permita.
Y es que no puedes cargar con el peso del devenir del mundo en cada palabra, gesto u omisión que hagas. Lo único que puedes es luchar por mantener la rectitud y el foco de tu intencionalidad en ser motor de cambios para bien. En el azar recaerá el peso de que la potencialidad sea aprovechada según tu intencionalidad, desperdiciada o tergiversada y tú responsabilidad sólo recaerá en intentar aprender de aquello que ocurra para mejorar en tu ejecución de tu intencionalidad para adaptarla mejor en el futuro a las circunstancias sin que eso implique que no puedas fallar cada día de formas nuevas.
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