El jardín del pensamiento

Tu mente es como un jardín por el que paseas.
Las experiencias son como la lluvia, a veces son torrenciales y derriban algunos árboles o rompen plantas. Pero incluso esas se pueden canalizar para hacer crecer nuevas plantas en el jardín.
A veces ciertas experiencias hacen brotar malas hierbas o afectan al crecimiento de un tipo de planta.
Los pensamientos, las creencias , las opiniones... son las plantas. Hay grandes árboles que la lluvia ha hecho enraizar profundamente y que son hitos de lo que eres y que utilizas como referencia para orientarte en el jardín.
Hay otros ornamentales y algunos que crecen aunque tú no quieras (o donde no quieres).
¿Cómo han llegado ahí los árboles y las plantas?
Algunos te han sido trasplantados tal cual por tu entorno, o el viento ha traído las semillas, han caído en suelo fértil y han madurado, otros los has visto en otros jardines, te han gustado y los has plantado ahí, otros te los han vendido con mucho cuidado , hablándote de sus propiedades o pintándotelos muy bonitos, incluso te han dicho dónde ponerlos para que crezcan mejor y luego los han regado con experiencias... pero los más preciosos, los que más orgullo te hacen sentir, son aquellos de los que sólo te han dado la semilla, los que tú has plantado en un sitio elegido por ti , los que has regado con mimo, protegido de los elementos, injertado con frutos de tu trabajo seleccionados por ti, los que has hecho crecer y dado forma...
Hay que tener en cuenta que regar correctamente no es regar en exceso. Demasiadas experiencias pueden ser como el riego por aspersión. Si la planta encuentra el agua en la superficie las raíces no crecerán profundo y el árbol, con el peso, acabará cayendo. Son las experiencias profundas (o aquellas de las que sabemos sacar la profundidad las que darán un jardín más resistente). 


Ese es tu jardín y eso es lo que debes entender. Es sólo tuyo, eres tú quien debe estar a gusto en él: sí un árbol no está dónde debe, trasplántalo, sí una flor no es de tu agrado, quítala.
Asegúrate de pasear cada día un rato, deteniéndote a meditar, oler las flores o regar alguna planta (no siempre lo hacemos). Cámbialo a tu gusto, hazlo evolucionar con tu yo hasta que lo que eres enraice de tal forma que ningún huracán pueda derribarlo.

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